Spreads de Crédito
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Estructuras que cobran prima por adelantado y ganan si no pasa nada: la matemática de la alta probabilidad y por qué exige una gestión distinta.
Qué es un spread de crédito
Un spread de crédito es una estructura en la que la prima cobrada por las patas vendidas supera a la pagada por las compradas, de modo que el dinero entra en tu cuenta al abrir. Los dos casos canónicos son el bull put spread —vendes el put de strike alto, compras el de strike bajo— y el bear call spread —vendes la call de strike bajo, compras la de strike alto—. La pata vendida genera el ingreso y define dónde empieza el problema; la comprada existe únicamente para poner un techo a ese problema. El crédito recibido es tu ganancia máxima, y se materializa si ambas opciones expiran sin valor.
La matemática invertida
La aritmética es la imagen especular del débito. La ganancia máxima es el crédito cobrado. La pérdida máxima es la anchura entre strikes menos el crédito. El punto de equilibrio es el strike vendido menos el crédito en un bull put spread, o el strike vendido más el crédito en un bear call spread. Con un ejemplo: con la acción a 100, vendes el put 95 por 1,80 y compras el put 90 por 0,60, cobrando 1,20 de crédito en un spread de 5 de ancho. Ganancia máxima 120 dólares, pérdida máxima 380, punto de equilibrio 93,80. Fíjate en la asimetría: arriesgas 380 para ganar 120, poco más de 1 a 3 en contra. Lo que compensa esa relación desfavorable es la probabilidad: la operación gana en cualquier escenario en que la acción no caiga más de un 6,2%.
Probabilidad frente a esperanza
Aquí está el malentendido más caro de la venta de prima. Una probabilidad de ganancia del 80% suena a certeza, pero la esperanza matemática solo es positiva si el pago compensa esa distribución. Con la estructura del ejemplo, ganar 120 el 76% de las veces y perder 380 el 24% da una esperanza de +0,3 dólares por operación antes de comisiones: prácticamente cero. La rentabilidad real de vender prima no sale de la alta probabilidad por sí sola, sino de tres cosas que hay que procurar activamente: vender cuando la IV está cara respecto a su historia, de modo que el crédito cobrado exceda el riesgo estadístico; cerrar antes del vencimiento para no cargar con la parte más peligrosa de la distribución; y no dejar que una pérdida alcance el máximo. Sin estas tres, un vendedor de prima con 80% de aciertos puede terminar el año en negativo sin entender por qué.
El tiempo y la volatilidad juegan a favor
La estructura tiene theta positiva: cada día que pasa sin movimiento adverso le añade valor, porque el extrínseco de la pata vendida se erosiona más rápido que el de la comprada. Y tiene vega negativa: una compresión de la volatilidad implícita abarata recomprar la estructura y produce beneficio incluso si el precio no se mueve. Esta doble ventaja es la razón por la que la venta de prima se asocia con el rango de 30 a 45 días al vencimiento: es la zona donde la curva de decaimiento se acelera notablemente mientras la gamma —la aceleración del delta, que es lo que hace ingobernable una posición cerca del vencimiento— todavía se mantiene manejable. Entrar a 60 días decae demasiado despacio; entrar a 7 días cobra poco y expone a un riesgo gamma desproporcionado.
Gestión: la parte que decide el resultado
En crédito, la gestión pesa más que la selección. Tres reglas ampliamente contrastadas. Primera, cerrar al capturar el 50% del crédito: si cobraste 1,20 y puedes recomprar por 0,60, cierra. Ese 50% suele conseguirse en bastante menos de la mitad del tiempo, así que el rendimiento por día de capital empleado es muy superior a esperar al vencimiento, y además elimina la exposición al tramo final donde vive el riesgo gamma. Segunda, gestionar la pérdida antes del máximo: un límite habitual es cerrar cuando la pérdida alcanza dos veces el crédito cobrado. Tercera, rolar solo por crédito neto: mover la estructura a un vencimiento posterior tiene sentido si al hacerlo cobras más prima, porque eso mejora el punto de equilibrio; rolar pagando es aumentar una apuesta perdedora.