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Value at Risk (VaR)

EN: Value at Risk / VaR PT: Valor em Risco

La métrica estándar del sector para cuantificar la pérdida potencial. Un valor en riesgo del 95% a un día de un millón significa que hay un 95% de probabilidad de no perder más de esa cifra. Muy usada, y muy criticada tras 2008 por infravalorar el riesgo de cola.

Qué es el valor en riesgo

El valor en riesgo es la métrica más extendida para cuantificar la pérdida potencial de una cartera durante un horizonte temporal concreto y con una probabilidad dada.

Su definición formal es que un valor en riesgo del X% indica que existe esa probabilidad de que la pérdida no supere el importe calculado. Un valor en riesgo del 95% a un día de un millón significa que hay un 95% de probabilidad de no perder más de un millón en una sesión o, dicho al revés, un 5% de probabilidad de perder más.

Depende de tres parámetros: el nivel de confianza, normalmente del 95% o del 99% y a veces del 99,9% para uso regulatorio, donde más confianza implica una cifra mayor; el horizonte temporal, de un día, diez días —el estándar regulatorio— o un mes, donde más plazo implica también más riesgo; y el método de cálculo, que puede ser simulación histórica, Montecarlo o paramétrico, y que puede dar resultados distintos.

Su historia arranca en los años noventa, cuando se convirtió en el estándar del sector bancario, y pasó a ser el fundamento de la regulación de Basilea II en 2004. Basilea III, en 2013, amplió el marco más allá de esta métrica precisamente por las críticas acumuladas. Hoy está presente en prácticamente todos los sistemas profesionales de gestión de riesgo del mundo.

Con un ejemplo sencillo: una cartera de 10 millones con una volatilidad diaria del 1,5% y suponiendo distribución normal tiene un valor en riesgo al 95% de 10.000.000 × 1,645 × 0,015 = 246.750. Su gran virtud es esa: el cálculo es simple, intuitivo y comunicable a quien no es especialista.

Valor en riesgo: el estándar de la gestión de riesgo Umbral al 95% Cola del 5% pérdidas por encima del umbral 95% de los escenarios Pérdida por debajo del umbral Método paramétrico = cartera × puntuación Z × volatilidad × √horizonte Tres métodos: Paramétrico Histórico Monte Carlo Déficit esperado (estándar desde 2019) La regulación pasó del valor en riesgo al déficit esperado · Taleb: «El problema del pavo: funciona hasta que falla del todo»

Los tres métodos de cálculo

Existen tres métodos principales, con virtudes y defectos distintos.

El paramétrico, también llamado de varianzas y covarianzas, presupone que los rendimientos siguen una distribución normal. Su fórmula es valor de la cartera × puntuación Z × volatilidad × √horizonte, con una puntuación Z de 1,645 para el 95% y de 2,326 para el 99%. Una cartera de un millón con un 2% de volatilidad diaria arroja 1.000.000 × 1,645 × 0,02 = 32.900. Es rápido e intuitivo, pero presupone normalidad —que es falsa, porque los mercados tienen colas gruesas—, no captura la no linealidad de las opciones e infravalora los sucesos extremos.

La simulación histórica usa directamente los rendimientos pasados: se ordenan y el percentil correspondiente marca la cifra. Con mil sesiones históricas, el percentil 5 da el valor al 95%. No exige suponer ninguna distribución y captura el comportamiento real, pero está limitada a lo ya observado, necesita un historial largo y pondera por igual todos los periodos.

La simulación de Montecarlo genera miles de escenarios futuros a partir de un modelo estadístico y extrae el percentil. Es flexible, maneja carteras complejas con opciones y derivados y captura la no linealidad, pero resulta costosa computacionalmente y depende por completo de la calidad del modelo y de las correlaciones estimadas.

Comparándolos sobre la misma cartera de 10 millones, el paramétrico podría dar 246.000, el histórico 310.000 —al recoger los episodios extremos de 2008 y 2020— y el de Montecarlo 295.000. Los bancos calculan a menudo los tres, y una discrepancia grande entre ellos es en sí misma una señal de riesgo de modelo.

Limitaciones

La métrica tiene siete limitaciones serias que motivaron su revisión tras 2008.

La más grave es que no dice nada sobre la magnitud de las pérdidas que superan el umbral. Un valor en riesgo al 95% de un millón informa sobre el 95% de las sesiones; sobre el 5% restante no dice nada, y esa pérdida puede ser de 1,01 millones o de 50.

La segunda es el supuesto de distribución normal del método paramétrico, cuando los rendimientos reales tienen colas gruesas y los sucesos extremos son mucho más frecuentes de lo que predice. La tercera es la no estacionariedad: la volatilidad cambia con el tiempo y se agrupa, de modo que una medición hecha en un periodo tranquilo infravalora el siguiente periodo turbulento.

La cuarta son los supuestos de correlación: el cálculo a nivel de cartera depende de ellas, y durante las crisis convergen hacia uno, de modo que el beneficio de la diversificación se evapora justo cuando hace falta. La quinta es la no linealidad de las opciones, que el método paramétrico captura mal y puede llevar a infravalorar gravemente el riesgo de cola.

La sexta es el riesgo de modelo: métodos distintos dan cifras distintas, y elegir uno u otro tiene consecuencias sobre el capital regulatorio exigido, lo que crea incentivos perversos. Y la séptima es la falsa sensación de seguridad: un 5% de probabilidad diaria equivale a unas trece sesiones al año en las que el umbral se rompe, y durante esas sesiones la pérdida puede ser catastrófica.

Nassim Taleb ha sido su crítico más insistente con el problema del pavo: durante mil días, la métrica de riesgo del pavo sugiere que su vida es segura, hasta que llega el día de Acción de Gracias y falla por completo.

El déficit esperado y las métricas modernas

El déficit esperado —también llamado valor en riesgo condicional— es la métrica que sucedió a la anterior tras 2008 y corrige su defecto central. Se define como la pérdida media de los escenarios que superan el umbral.

Con un ejemplo: si el umbral al 95% es un millón y las sesiones que lo superan registran pérdidas de 1,1, 1,5, 2, 3 y 10 millones, el déficit esperado es la media de esas cifras. Captura por tanto la severidad de la cola, no solo su probabilidad. Desde 2019, la regulación bancaria exige usar el déficit esperado al 97,5% en lugar del valor en riesgo al 99% precisamente por esta razón.

Las pruebas de resistencia son el complemento imprescindible. Las históricas reproducen crisis concretas sobre la cartera actual. Las hipotéticas construyen escenarios a medida, como una subida rápida y fuerte de tipos o una disrupción geopolítica. Y las inversas parten de un resultado inaceptable —perder el 30% del capital— y trabajan hacia atrás para identificar qué movimientos lo provocarían, lo que ayuda a detectar puntos ciegos.

Existen además variantes especializadas. El valor en riesgo de crisis se calcula usando solo datos de periodos turbulentos y arroja cifras muy superiores. El valor en riesgo ajustado por liquidez incorpora el coste de deshacer posiciones en un mercado estresado, algo crítico para carteras con activos ilíquidos, donde salir puede llevar días durante los cuales la pérdida sigue creciendo. Y para carteras de opciones existen métodos basados en las griegas, que descomponen el riesgo por delta, gamma, vega y theta y funcionan mucho mejor que el enfoque paramétrico.

Conviene distinguirla de la caída máxima: esta mira hacia atrás y describe lo peor ya ocurrido, mientras que el valor en riesgo mira hacia delante y estima probabilidades. Son complementarias, y la gestión profesional usa ambas.

Aplicación práctica

Para el operador particular o intermedio, la métrica se aplica en cinco frentes.

El primero es calcular el valor en riesgo de la propia cartera. Como regla general, debería situarse por debajo del 1% o el 2% del valor total para un perfil conservador, y entre el 2% y el 5% para uno agresivo. Si lo supera, hay que reducir exposición.

El cálculo simplificado es accesible: se estima la volatilidad diaria con la desviación típica de los últimos veinte días y se aplica cartera × 1,645 × volatilidad diaria. Una cartera de 100.000 con un 1,5% de volatilidad diaria da 100.000 × 1,645 × 0,015 = 2.468, es decir, un 5% de probabilidad de perder más de esa cifra en una sesión. La mayoría de plataformas profesionales lo calculan de forma automática.

El segundo es el presupuesto de riesgo: repartir el valor en riesgo total entre las posiciones. Con una cartera de 100.000 y un presupuesto del 2%, se dispone de 2.000 para repartir entre todas ellas.

El tercero es tener presente el efecto de la correlación: el valor en riesgo de la cartera no es la suma de los individuales salvo que todo esté perfectamente correlacionado. Las posiciones descorrelacionadas aportan un beneficio de diversificación que se reduce durante las crisis, así que conviene calcular también el escenario con correlación igual a uno.

El cuarto es entender para qué sirve: comparar el riesgo entre estrategias, fijar límites de posición, comunicar el riesgo y cumplir con requisitos regulatorios. Y el quinto, entender para qué no sirve: evaluar el riesgo de cola, que exige el déficit esperado; medir el riesgo de liquidez, que exige la variante ajustada; anticipar sucesos extremos, que exige pruebas de resistencia; y valorar opciones con estructuras complejas, que exige análisis de escenarios.

Métricas de riesgo: qué aporta cada una

Cada método tiene sus compromisos; la gestión profesional combina varios.

MétricaFortalezaDebilidadMejor uso
Rápido e intuitivoPresupone distribución normalCarteras sencillas de acciones y bonos
No exige suponer distribuciónLimitado a lo ya observadoEstrategias con reversión a la media
Flexible, admite carteras complejasCostoso de calcularOpciones y derivados
Captura la severidad de la colaCálculo más complejoEl estándar regulatorio actual
Basadas en escenarios, muy intuitivasSolo cubren los escenarios probadosPreparación ante sucesos extremos

Preguntas Frecuentes

¿Qué diferencia hay con el déficit esperado?
El valor en riesgo responde a «¿hasta dónde puede llegar la pérdida?» y marca un umbral. El déficit esperado responde a «y si se supera ese umbral, ¿de cuánto hablamos de media?».

Con un ejemplo: si el umbral al 95% es un millón y el déficit esperado es de 2,5 millones, significa que el 95% de las sesiones la pérdida se queda por debajo del millón, pero en el 5% restante la pérdida media es de 2,5 millones.

El déficit esperado captura por tanto la severidad de la cola, que es exactamente lo que el valor en riesgo ignora por construcción. Por esa razón la regulación bancaria pasó a exigirlo como estándar desde 2019.
¿Qué método de cálculo es mejor?
Depende de la complejidad de la cartera y de los datos disponibles.

El paramétrico funciona bien en carteras sencillas de acciones y bonos líquidos: es rápido e intuitivo. El histórico es preferible cuando se dispone de un historial largo y se espera un régimen de mercado parecido, porque captura el comportamiento real. Y el de Montecarlo es el adecuado para carteras complejas con opciones o derivados, aunque resulte costoso de calcular.

Los gestores profesionales calculan los tres y los comparan: una discrepancia grande entre ellos es una señal de riesgo de modelo que conviene investigar. Para el inversor particular, con el paramétrico o el histórico basta.
¿Por qué falló en 2008?
Por seis razones que actuaron a la vez.

Se infravaloró el riesgo de cola, porque el método paramétrico presuponía normalidad y los mercados tienen colas gruesas. Falló el supuesto de correlación: durante el desplome, activos diversos cayeron a la vez y el beneficio de la diversificación se evaporó. Apareció una crisis de liquidez que hizo imposible vender a valor razonable, algo que el cálculo estándar ignora por completo. Hubo riesgo de modelo sistémico, porque los bancos usaban modelos parecidos y todos infravaloraron el riesgo del mismo modo. El historial disponible era insuficiente, ya que pocos habían vivido un episodio de esa magnitud. Y la complejidad de los derivados titulizados introducía una no linealidad que el cálculo simple no capturaba.

Estas lecciones son las que impulsaron las reformas posteriores y la adopción generalizada del déficit esperado junto a las pruebas de resistencia.
¿Puedo calcularlo yo mismo?
Sí, para carteras sencillas. El método rápido consiste en calcular la desviación típica de los rendimientos diarios de los últimos veinte días y aplicar cartera × 1,645 × volatilidad diaria.

Con una cartera de 50.000 y un 1% de volatilidad diaria: 50.000 × 1,645 × 0,01 = 822, es decir, un 5% de probabilidad de perder más de esa cifra en una sesión.

Para carteras con opciones el cálculo se complica mucho, y conviene apoyarse en las herramientas del bróker, que suelen incluir estimaciones integradas.

La limitación es siempre la misma: el cálculo simple presupone normalidad, que es falsa en mercados de colas gruesas. Conviene completarlo con una prueba de resistencia sencilla, preguntándose qué le ocurriría a la cartera actual si se repitiera un episodio como el de 2008.
¿Sirve para opciones?
Con matices importantes. El método paramétrico encaja mal con las opciones por su no linealidad —la gamma— y por el decaimiento temporal: el precio de una opción no se mueve de forma proporcional al del subyacente.

Hay tres enfoques mejores. El ajustado por delta aproxima la sensibilidad lineal y ya mejora bastante el resultado. La revaloración completa vuelve a valorar cada opción en escenarios estresados y calcula la pérdida: es lo más preciso y lo más costoso. Y el enfoque por griegas descompone el riesgo en delta, gamma, vega y theta, ofreciendo la visión más matizada.

Para el operador particular, lo práctico es más sencillo: calcular la pérdida máxima de cada posición y sumarlas para obtener el peor escenario de la cartera. En los spreads de riesgo definido esa cifra es explícita; en las posiciones descubiertas hace falta un análisis de escenarios, no una simple estimación estadística.